- ¿Por qué a alguien le gustaría ganar menos de lo que merecería o es justo por ley?
- Porque piensa que al menos ahora puede ganar un salario mucho mejor del que podía ganar antes. E incluso, ahora puede acceder a trabajo pago.

Es fácil de entender que alguien prefiera ganar algo a ganar nada, ganar tanto a ganar menos de tanto. Pero preferir no es lo mismo que gustar. Juana prefiere ganar 800 pesos al mes, a ganar 700. Pero cuando Juana sabe que Juan gana 900 pesos, le gustaría a ella también ganar 900.

Aunque Juana podría pedir 900, no se siente capaz de negociar con su jefe que le suba el sueldo o cree que si pide más en vez de ganar 900 la van a echar o tal vez piensa que Juan gana más porque él es mejor. Todos estos factores no son más que pensamientos subjetivos de Juana, pero cuando un pensamiento individual es generalizado y pasa a ser un pensamiento colectivo.

En la frase “si a ella le gusta ganar menos” ese le gusta es más un ella prefiere, y esa singular ella es la representación de millones de mujeres en todos los países que hoy en día, muy a pesar de la ley, tienen que conformarse con ganar menos.

Por un lado, tenemos entonces una situación clara de discriminación: hay un trato diferente y perjudicial por motivos de sexo. Por otro lado, tenemos un sentimiento de satisfacción por el hecho de tener la capacidad de recibir un salario.  Si juntamos ambos lados, tenemos entonces una situación de satisfacción dentro de una situación de discriminación.

Esta satisfacción puede ser consecuencia de dos cosas que pueden excluirse o no. Primero, satisfacción de tener algo a no tener nada. Estoy satisfecha de ganar 800 pesos cuando lo máximo a lo que podía aspirar antes era 600, o incluso nada. Es una satisfacción genuina cuando es comparada con la situación anterior o con la situación menos favorable.

Segundo, satisfacción como consecuencia de la sensación de des/merecimiento. Estoy satisfecha de ganar 800 pesos cuando todo me lleva a pensar que no me merezco ganar estos 800, o que merezco ganar menos que Juan por hacer la misma actividad y teniendo las mismas capacidades. También es una satisfacción genuina como consecuencia de acciones colectivas de opresión.

La parte oprimida aquí es aquella a la cual le ha sido mostrado de innumerables formas que vale menos (en este ejemplo su trabajo vale 100 pesos menos) y la parte opresora es la que lo muestra, la que pretende mantener un status quo de desigualdad generalizada bajo una apariencia de percepción individual. El que Juana “perciba” que no es capaz de pedir o de ganar 100 pesos más es visto por Juana, por su familia, por sus amigas, por sus vecinos como una serie de condiciones psicológicas individuales de Juana que no le permiten ganar más. Es, al parecer, un problema de Juana.

Tenemos entonces un tercer factor que incluir en la situación de satisfacción dentro de la situación de discriminación, la situación de la falsa percepción individual. Juana no percibe discriminación alguna, al contrario, su percepción es de satisfacción. Juana no solamente está sufriendo discriminación, sino que está bien con ello.

Si de acuerdo a Galtung, la violencia cultural se ejerce por medio de actitudes y la estructural por medio de la negación de necesidades, esta clase de discriminación cabe dentro de las dos categorías de manifestaciones de violencia, cultural y estructural.

Lo que es más interesante, es que Juana, víctima de la situación de opresión, también es opresora como parte activa de la sociedad a la que pertenece.

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