Hagamos un ejercicio de imaginación. Usted es una mujer de 31 años, tiene algunos recursos propios producto de su trabajo antes de casarse; ahora está casada, tiene dos hijas, y su esposo es un hombre que la apoya y la respeta.

Su marido trabaja como Juez en el municipio de San Gil, en Santander, acaba de recibir el juzgado con numerosos casos atrasados y sin recursos para contratar más gente, entonces usted decide ayudarle y de paso aprende de labores jurídicas y de derecho. Esta es la única forma en que usted puede aprender las labores de un abogado, porque la ley no permite a personas como usted (mujer) estudiar en una universidad.

También es la única forma que tiene de trabajar, porque la ley contempla que en el momento en que usted contrajo matrimonio perdió la capacidad de que la contrataran. Así como también perdió el derecho a administrar su propio dinero, ahora en manos de su marido. En resumen, si él no la apoyara y respetara, bien podría dejarla a usted sin nada con todo el permiso de la ley.

Parece un escenario sacado de una novela de 1820. Pero no, esta es la historia de muchas mujeres colombianas en la primera mitad del siglo XX. No es hace mucho, ni siquiera un siglo.

En los años 20 más del 50% de la población en Colombia eran mujeres, y por ley no podían acceder a la universidad, manejar sus propios bienes después del matrimonio y mucho menos podían votar. Sólo hasta 1933 la mujeres pudieron acceder (no sin ciertas restricciones) a la universidad, en 1932 tuvieron derecho de administrar sus propios bienes y solo hasta 1957 les fue concedido el derecho al voto.

Sin embargo estas concesiones no sucedieron gracias a una inspiración divina o a un par de debates cómodos en el Congreso; fue gracias a más de 30 años de lucha de mujeres en su mayoría pero también hombres, exigiendo sus derechos a las personas que legislaban y gobernaban en ese entonces -que en su totalidad eran hombres-, y venciendo los argumentos en contra de muchas mujeres que veían en el acceso al voto o a la universidad una agresión a la costumbre y los buenos valores.

Dentro del grupo de mujeres que exigieron sus propios derechos y los de las demás mujeres se encontraba Ofelia Uribe, la protagonista de nuestro ejercicio de imaginación y de quien ofrecemos un breve repaso de su vida para que veamos cómo una mujer normal sin cualidades de súper heroína fue una de las mujeres más destacadas en Latinoamérica en la primera mitad del siglo pasado. Gracias a su coraje y al de sus compañeras se consolidó un gran movimiento de mujeres que se enfrentaron al enorme muro de costumbres sociales que en ese entonces no las dejaban ejercer los derechos que tenían como seres humanos por el hecho de ser mujeres, ofreciéndonos otro ejemplo de cómo en la historia y en las sociedades las costumbres no son inmutables.

 

Ofelia_Uribe

 

 Ofelia Uribe – Activista por los derechos de las mujeres en Colombia

 

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