El mayor problema que trae la discriminación en contra de las mujeres es el subdesarrollo de las sociedades y de los Estados. Un sinfín de actuaciones a pequeña escala relacionadas con la discriminación impiden a las personas desarrollarse profesional, personal y económicamente; pero no solamente a las mujeres, también a las familias y a las comunidades que continúan manteniendo valores de inequidad entre hombres y mujeres.

Como se analizó en los diferentes tipos de discriminación en contra de las mujeres, la mayoría de los actos de discriminación no son aislados o puntuales, sino que hacen parte de valores que están arraigados socialmente y se manifiestan de forma sistemática.

Se podría decir que la mayoría de las acciones de discriminación son toleradas porque no son vistas por las personas como una discriminación, incluso no son percibidas como discriminación por las mismas mujeres. La palabra discriminación es fuerte y está mal vista, es por esto que los comportamientos discriminatorios que son trasmitidos de generación en generación son preferiblemente llamados “culturales” antes que discriminatorios. Sin embargo, valores culturales dañinos no por ser culturales son inmutables.

Veamos un ejemplo de diferentes tipos de discriminación:

Juana tiene 15 años; pertenece a una familia de clase media alta de un municipio cercano a Bogotá. Está cursando décimo grado en un colegio público, ha recibido información suficiente sobre métodos de planificación y usa la píldora. Un día que su padre le encontró la caja con las píldoras en su bolso, la reprendió fuertemente y las tiro a la basura prohibiéndole tener relaciones sexuales, a pesar de sentirse muy orgulloso por las “conquistas” que realizaba su hijo, al cual le facilitaba dinero para comprar condones; desde ese entonces el padre de Juana obligó a su madre a que requisara todas sus pertenencias y a informarle de cualquier “acto sospechoso” de que Juana estuviese manteniendo relaciones sexuales; su madre, aunque no estaba de acuerdo con el método represivo del padre, prefirió callar para evitarse problemas y le hizo caso. Juana continuó con su vida sexual pero con la imposibilidad de utilizar el método de planificación que venía utilizando, y a su novio no le gustaba usar condón; habían discutido sobre este aspecto, pero el novio ganó la discusión. Es así como Juana de 15 años queda embarazada.

Su padre y su madre, aunque muy frustrados, la apoyan en el embarazo. Sin embargo el embarazo de Juana es de alto riesgo (debido a su edad) y tiene que dejar de asistir al colegio por las frecuentes incapacidades y la imposibilidad de poder realizar exámenes y trabajos para entregar en las fechas que el colegio estipula.

Su novio es presionado por sus amigos, quienes comentan que Juana tiene muchos otros “amigos” y amigas y que es posible que el bebé no sea de él. Por esta razón y para cubrirse decide no volver a ver a Juana y mucho menos responsabilizarse del embarazo.

Juana deja el colegio y después del parto se dedica a trabajar en la empresa de un amiga de su padre como recepcionista.

Juana gana un salario mínimo a los 16 años de edad, es madre y no ha terminado el colegio.

¿Qué oportunidades laborales le esperan a Juana?

La hija de Juana se enferma a los 3 años de edad y ella tiene que pedir múltiples permisos en su trabajo para poder estar con la niña en el hospital. Teniendo en cuenta que no tiene suficiente capacitación y su productividad es baja, su jefa decide despedirla.

Ahora la hija de Juana no tiene seguro, necesita un tratamiento médico para una enfermedad de poco riesgo y sin embargo no lo puede recibir. Juana realiza los papeles necesarios para inscribirse en el SISBEN, pero los trámites son demorados y su bebé sigue enfermando sin el tratamiento.

Juana ha tenido que pedir dinero prestado a un amigo para poder pagar el tratamiento mientras su hija es atendida por la seguridad social. Su buen amigo no le cobra intereses, pero al cabo de unos meses le pide que se lo pague, ella no aún no tiene el dinero para devolvérselo, por lo que él le pide que se lo devuelva con favores sexuales, ella lo rechaza y él extiende rumores humillantes y ofensivos sobre Juana por todo el barrio.

Juana ya tiene 27 años. Su nivel educativo sigue igual que hace 12. Ha hecho un curso de ventas y trabaja por las noches cuidando a personas de la tercera edad. Mientras tanto su madre cuida de su hija. Pide un préstamo para montar un negocio propio en el que puedan trabajar su madre y ella y poder estar en casa para atender a su hija, que después de no recibir el tratamiento adecuado a tiempo necesita atención especial, pero es rechazada por no tener capacidad de endeudamiento.

La vida de Juana es muy común y no es un caso muy funesto. ¿Por qué entonces es un ejemplo de discriminación?

La cadena de acontecimientos que llevan a Juana a tener una vida “normal” pero no de calidad comienza con un pequeño acto de discriminación social en su casa, al limitar su capacidad de tener una sexualidad responsable, y al prohibirle tener relaciones sexuales, no por temas de salud, prevención o educación, si no por el simple hecho de ser mujer.

También sufre discriminación social cuando su novio prefiere omitir el asunto de ser padre y continuar con su vida sin hacerse responsable de su hija, dejando la responsabilidad del embarazo exclusivamente en cabeza de Juana.

Después de esto sufrió discriminación en su educación, ya que su colegio no tenía la capacidad para recibirla en estado de embarazo y tuvo que abandonar sus estudios (discriminación para las jóvenes embarazadas que no pueden ejercer el derecho de continuar sus estudios).

Sufre discriminación laboral cuando la echan del trabajo por tener que atender asuntos familiares sensibles como era el tema de la salud de su hija.

Sufre de discriminación jurídica al tener que esperar un trámite burocrático engorroso para poder ser cubierta por el sistema de salud del Estado.

Sufre de discriminación en salud al tener que soportar al mismo tiempo la carga de trabajo formal y de cuidar a su hija sin el apoyo del padre de la bebé, lo que conduce a tener más riesgos de deterioro de su salud; también al tener mayores riesgos en el embarazo, parto y lactancia debido a su edad.

Sufre discriminación económica al serle negado el crédito bancario por no tener recursos con qué respaldarlo.

Y finalmente sufre de discriminación sexual, cuando es presionada por su novio para no utilizar condón, y cuando recibe malos tratos y humillaciones al negarse a realizar favores sexuales a cambio de una deuda monetaria.

Una serie de pequeños actos de discriminación ocasionados por diferentes personas e instituciones limitan las posibilidades de desarrollo económico y personal de Juana. Ahora piense en quién puede pagar la carrera universitaria de la hija de Juana y qué posibilidades existen de que la hija de Juana tenga que soportar una pobreza y carga aún mayor que la de su madre.

Ahora bien, “Juanas” hay muchas, pero hay muchas mujeres también que en el mismo caso no tienen el respaldo de su familia, que no tienen acceso ni tan siquiera a la educación primaria ni acceso a la educación en métodos de planificación familiar, que no tienen la oportunidad de realizar cursos informales, que no tienen una persona a quien pedir dinero prestado y cuyos familiares no tienen amigos que las puedan contratar de manera temporal. ¿Qué hubiese sido entonces de Juana? lo que es de una inmensa cantidad de mujeres que tienen que soportar enormes cargas y sortear diversas acciones que hacen daño a corto o a mediano plazo, y lo peor de todo sin que estas acciones sean reconocidas como dañinas para la persona que las sufre, o que incluso sean vistas como normales, “cosas que pasan”.

La discriminación no puede ser una “cosa que pasa”. Está en nuestras manos conocer nuestros derechos y los recursos existentes para hacerlos defender. Así mismo, es necesario tomar conciencia de que la normalización de algunas acciones que nos hacen daño no implica que sean normales o que estén bien, y exigir el respeto y las mismas oportunidades para todos y todas.